Ya compramos el refri. Teníamos dos opciones.
a) Uno bien chingón, cuya principal monería es un despachador de agua fría, dos litros. Imaginé cuando cansado de jugar futbol o de trabajar, apagaría la sed del calor autlense con esa agua.
b) Otro bien chingón. Cuya principal monería es que justo frente a la salida del aire helado tiene un depósito elegante para seis latas. E imaginé matar ese mismo calor y sed con unas Pacífico de lata o una Coca.
Por su puesto que compramos el de la opción B.
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lunes, marzo 22, 2010
miércoles, marzo 17, 2010
Efrén ha cambiado su situación sentimental en Facebook II
He llegado a la conclusión que tengo amigos muy chismosos y que siguen preguntando qué pasó con el resto de la historia. Así que ahí va.
La siguiente parte de la historia se debería de contar en montaje paralelo, pero no poseó toda la información, así que narraré el partido desde mi tribuna.
Esa semana que estuvimos comprometido en semisecreto fue muy dura. Porque tuve que amarrarme en el gaznate un nudo marinero para que no se me saliera contarle a nadie. Sólo le platiqué a Fabián, quien no tuvo ninguna reacción exagerada. Muy propio de él. También le dije al Viny. No me quedó de otra porque yo sabía que con su señora madre, que nos ha vendido históricamente los anillos de compromiso a la banda. Encontraría buenas opciones.
Tengo que hacer un flash back. Días antes cuando Osa nos anunció su compromiso con Pancho, yo me había mofado de que según Cristi, la novia de Molgado, cuando uno veía un anillo de compromiso tenía la certeza que era el indicado. Tipo Harry Potter cuando escogió su varita. Y no le creí y me mofé.
¡Que el Atlas sea campeón si miento! Encontré mi varita de Harry Potter y no fue precisamente convencional. Me gustó un anillo de oro blanco y con tres brillantes - me dicen que se llaman churumbelas y que la tercera piedra significa fidelidad, las otras dos no me acuerdo- no sabría yo específicar las razones de esas piedras al ras del anillo. Y confié -confió- en la mamá de Viny cuando me explicaba las características y argumentos de venta. Ese fue.
La noche del lunes 8 de marzo, para amanecer martes no dormí nada. Me quedé a trabajar hasta tarde y a platicar por MSN con Martha, le dije que ya era momento de hacer pública la decisión y ella estuvo no sólo de acuerdo, sino que también estaba en su pliego petitorio preamenaza de huelga. Así que no hubo necesidad de conflicto.
Acordamos citar a nuestros amigos cercanísimos a cenar el viernes con el pretexto de mi cumpleaños. Ahí avisaríamos. Yo doy por sentado aún, que para un par el anuncio no sería sorpresa así que tomé una decisión. Si lo que hacía falta era socializar el asunto. Lo mejor era poner como testigos a nuestros cuates y hacerlo de una forma que fuera significativa, simbólica.
Ese lunes no dormí porque pensé cómo hacerle. En mi discurso anticursileria y anti anillos de compromiso. En mi postura que prioriza la importancia del fondo sobre la forma. En mi certeza sobre el machismo implícito que contiene el orígen histórico del anillo de compromiso. Ese que sustituyó con oro y diamantes una soga con la que se amarraba a las mujeres cual vacas, para cambiarlas de tribu.
Hace tiempo, mucho, cuando era niño, vi en una película que no recuerdo cuál era, una forma de entregarlo. Desde entonces me gustó y cada vez que algún amigo sufría por cómo entregarlo, yo le proponía ese método. Ningún cabrón me hizo caso - a Dios gracias - y seguro de su efectividad decidí acompañarlo de mis conjeturas en esa noche de insomnio, adaptarlo a nuestra realidad, entonces conseguí un cordón.
La cita fue en el restaurante de comida Italiana La Funicula, por López Cotilla, salvo Iván Pérez (te dije que fuéras, cabrón) todos los demás fueron. Cuando ya estaban todos fui al baño. Saqué el anillo de la caja y lo puse en la bolsa del saco. En otra bolsa puse la caja con el cordoncillo dentro.
Les dije a mis amigos que como no me habían regalado nada por mi cumpleaños, me regalaran dos minutos de su atención. Fui abucheado. Pero luego comencé con el discurso preparado -previamente le había pedido a Martha me dejara hablar a mí, se indignó pero aceptó- y les dije algo así como:
"Hace dos semanas Martha y yo tomamos una decisión que nos hace muy felices, pero que no estaba completa porque no lo habíamos compartido con ustedes".
Entonces saqué la caja, sin abrirla. Y las manos me empezaron a temblar. Les recordé de mi postura Grinch con esa práctica y justifiqué...
1.- Siempre dije que esto era darle prioridad a la forma sobre el fondo, pero Martha ha sido muy valiente las últimas dos semanas y me ha demostrado que es capáz de pensar con claridad y planear fríamente, ver presupuestos y decidir lo mejor. Así que como yo sé que esto es también es significativo para ella y en respuesta a su capacidad de pensar, quiero que sepas que yo también soy capáz de sentir...
2.- La segunda razón era que (abrí la caja) por el cordón. las mujeres no son vacas para que se conviertan en nuestra propiedad. Pero entendí que si el significado de la práctica fuera el mismo, hubiera desaparecido cuando dejó de tener practicidad. Entonces le amarré en el dedo anular de la mano izquierda el cordón y le dije: "El compromiso de matrimonio es frágil como este cordón, si le jalamos muy fuerte se va a romper y no habrá nudo que lo vuelva a dejar igual. Que nos recuerde que estará débil a menos que nosotros lo cuidemos. Pero también nos va a permitir tener la certeza de que podemos caminar juntos y cerca, que sea una guía para cuando nos extraviemos, que sirva para darle un jalón si alguien se queda atrás. Si es así, entonces dejará de ser débil y será resistente, como este anillo".
Entonces le pregunté que si se quería casar conmigo. Movió la cabeza afirmativamente. Y de mis manos temblorosas se deslizó por el cordón el anillo hasta su dedo. Ya ahí se lo puse.
El momento está documentado por las fotos del Chilango...



Y eso sí fue una sorpresa. Ni Martha, ni nadie en esa mesa sabía que haría lo que hice y así fue como se entregó el anillo.
Igual podría contar otras cosas, pero tengo hambre... voy a comer.
La siguiente parte de la historia se debería de contar en montaje paralelo, pero no poseó toda la información, así que narraré el partido desde mi tribuna.
Esa semana que estuvimos comprometido en semisecreto fue muy dura. Porque tuve que amarrarme en el gaznate un nudo marinero para que no se me saliera contarle a nadie. Sólo le platiqué a Fabián, quien no tuvo ninguna reacción exagerada. Muy propio de él. También le dije al Viny. No me quedó de otra porque yo sabía que con su señora madre, que nos ha vendido históricamente los anillos de compromiso a la banda. Encontraría buenas opciones.
Tengo que hacer un flash back. Días antes cuando Osa nos anunció su compromiso con Pancho, yo me había mofado de que según Cristi, la novia de Molgado, cuando uno veía un anillo de compromiso tenía la certeza que era el indicado. Tipo Harry Potter cuando escogió su varita. Y no le creí y me mofé.
¡Que el Atlas sea campeón si miento! Encontré mi varita de Harry Potter y no fue precisamente convencional. Me gustó un anillo de oro blanco y con tres brillantes - me dicen que se llaman churumbelas y que la tercera piedra significa fidelidad, las otras dos no me acuerdo- no sabría yo específicar las razones de esas piedras al ras del anillo. Y confié -confió- en la mamá de Viny cuando me explicaba las características y argumentos de venta. Ese fue.
La noche del lunes 8 de marzo, para amanecer martes no dormí nada. Me quedé a trabajar hasta tarde y a platicar por MSN con Martha, le dije que ya era momento de hacer pública la decisión y ella estuvo no sólo de acuerdo, sino que también estaba en su pliego petitorio preamenaza de huelga. Así que no hubo necesidad de conflicto.
Acordamos citar a nuestros amigos cercanísimos a cenar el viernes con el pretexto de mi cumpleaños. Ahí avisaríamos. Yo doy por sentado aún, que para un par el anuncio no sería sorpresa así que tomé una decisión. Si lo que hacía falta era socializar el asunto. Lo mejor era poner como testigos a nuestros cuates y hacerlo de una forma que fuera significativa, simbólica.
Ese lunes no dormí porque pensé cómo hacerle. En mi discurso anticursileria y anti anillos de compromiso. En mi postura que prioriza la importancia del fondo sobre la forma. En mi certeza sobre el machismo implícito que contiene el orígen histórico del anillo de compromiso. Ese que sustituyó con oro y diamantes una soga con la que se amarraba a las mujeres cual vacas, para cambiarlas de tribu.
Hace tiempo, mucho, cuando era niño, vi en una película que no recuerdo cuál era, una forma de entregarlo. Desde entonces me gustó y cada vez que algún amigo sufría por cómo entregarlo, yo le proponía ese método. Ningún cabrón me hizo caso - a Dios gracias - y seguro de su efectividad decidí acompañarlo de mis conjeturas en esa noche de insomnio, adaptarlo a nuestra realidad, entonces conseguí un cordón.
La cita fue en el restaurante de comida Italiana La Funicula, por López Cotilla, salvo Iván Pérez (te dije que fuéras, cabrón) todos los demás fueron. Cuando ya estaban todos fui al baño. Saqué el anillo de la caja y lo puse en la bolsa del saco. En otra bolsa puse la caja con el cordoncillo dentro.
Les dije a mis amigos que como no me habían regalado nada por mi cumpleaños, me regalaran dos minutos de su atención. Fui abucheado. Pero luego comencé con el discurso preparado -previamente le había pedido a Martha me dejara hablar a mí, se indignó pero aceptó- y les dije algo así como:
"Hace dos semanas Martha y yo tomamos una decisión que nos hace muy felices, pero que no estaba completa porque no lo habíamos compartido con ustedes".
Entonces saqué la caja, sin abrirla. Y las manos me empezaron a temblar. Les recordé de mi postura Grinch con esa práctica y justifiqué...
1.- Siempre dije que esto era darle prioridad a la forma sobre el fondo, pero Martha ha sido muy valiente las últimas dos semanas y me ha demostrado que es capáz de pensar con claridad y planear fríamente, ver presupuestos y decidir lo mejor. Así que como yo sé que esto es también es significativo para ella y en respuesta a su capacidad de pensar, quiero que sepas que yo también soy capáz de sentir...
2.- La segunda razón era que (abrí la caja) por el cordón. las mujeres no son vacas para que se conviertan en nuestra propiedad. Pero entendí que si el significado de la práctica fuera el mismo, hubiera desaparecido cuando dejó de tener practicidad. Entonces le amarré en el dedo anular de la mano izquierda el cordón y le dije: "El compromiso de matrimonio es frágil como este cordón, si le jalamos muy fuerte se va a romper y no habrá nudo que lo vuelva a dejar igual. Que nos recuerde que estará débil a menos que nosotros lo cuidemos. Pero también nos va a permitir tener la certeza de que podemos caminar juntos y cerca, que sea una guía para cuando nos extraviemos, que sirva para darle un jalón si alguien se queda atrás. Si es así, entonces dejará de ser débil y será resistente, como este anillo".
Entonces le pregunté que si se quería casar conmigo. Movió la cabeza afirmativamente. Y de mis manos temblorosas se deslizó por el cordón el anillo hasta su dedo. Ya ahí se lo puse.
El momento está documentado por las fotos del Chilango...



Y eso sí fue una sorpresa. Ni Martha, ni nadie en esa mesa sabía que haría lo que hice y así fue como se entregó el anillo.
Igual podría contar otras cosas, pero tengo hambre... voy a comer.
lunes, marzo 15, 2010
Efrén ha cambiado su situación sentimental en Facebook
Veo que tenía como un mes sin actualizar esta cosa. Y bueno, no voy a justificarme, hoy sí tengo algo importante qué contar. Si falto a la certeza del detalle rogaré a la interesada (ja) que me corrija, que no crean que aún recupero la capacidad de pensar con lucidéz.
Bueno, el pasado sábado cambié mi estado de En una Relación con Martha Verónica Sandoval a estar Comprometido con Martha... hablo en lenguaje Feisbuquero. Si a alguien le falta antecedentes de la historia Efrenmarthezca le ruego tenga a bien leer todo este blog y ahí encontrará detalles, sólo hablaré del tema en cuestión y de las últimas semanas.
El sábado 27 de febrero Martha se fue en la mañana a planear junto con Osa una clase que darían en el ITESO. Yo me fui con Molgado a preparar unas entrevistas para El Puente. Cuando coincidimos poco antes de la comida, me dijo que le dolía la cabeza y que estaba muy cansada porque le había tocado un tráfico horrible; a lo que le dije: "vámonos a Autlán, allá no hay tanto tráfico".
Fue la primera insinuación.
Luego hablábamos de montones de bodas que se cocinan por todos lados y cómo algunos compadres andan perdidos por la calle de la amargura. "Es que si el problema es el anillo dime, y te lo doy mañana".
Fue la segunda y la última insinuación de esa semana.
Quien me conoce sabe que nunca antes había hablado en serio del tema. Así que extrañada Martha me mandó un mensaje de texto el domingo en la noche, cuando yo ya estaba en Autlán: "estoy confundida, porqué dijiste eso? El fin de semana podemos hablar?" me decía más o menos. Le dije que sí podíamos hablar, y que estuviera tranquila.
Ella vino al siguiente fin a Autlán porque era cumpleaños de mi papá. Y mi convocatoria a que estuviera tranquila no rindió el más mínimo efecto. Estaba nerviosa e irritable. Me quería colgar por cualquier pretexto, hasta que le dije que estaba en lo correcto, que yo no estaba jugando ni que mentía ni que me había ido de boca. Que en serio quería que nos plantearamos la pertinencia de casarnos.
Se puso más nerviosa y hablaba incoherencias. Pero le dije lo siguiente: "Mira, si tuviéramos que inventar la vacuna contra el Sida, entonces sí nos preocupamos. Pero tenemos que fundar una familia y estadísticamente es más sencillo. Lo han hecho millones de personas toda la vida, hasta más pendejos que nosotros" y ya, más tranquilos nos fuimos a dormir.
Al otro día fuimos a caminar y platicamos. Le expuse algunas razones mías para querer casarme.
1.- Because "wife" is shortest than "girlfriend".
2.- Porque hace mucho frío en el pasillo de la casa de mi abuela.
3.- Porque quiero recuperar mi libro de Santoro y que nunca me haz regresado.
4.- Porque nunca he sido más feliz que mis últimos cinco años.
5.- Porque hemos aprendido a convivir en días bonitos y días para llorar.
6.- Porque nosotros nos podemos hacer lo pendejo que queramos, pero habrá un reloj que no nos la va a perdonar.
7.- Porque nuestros proyectos de vida personal, familiar y profesional son compatibles.
8.- Porque, cursimente, te amo más vez que sale el pinche sol.
También pensamos en qué hacer. Y decidimos a grandes rasgos.
Venirnos a vivir a Autlán. Por que una ciudad media es en términos familiares, mejor que una urbe del tamaño de Guadalajara.
Hacer una boda con todos sus rituales y necesidades. Civil, iglesia y una reunioncita familiar. Ofrecer una itesiana taquiza y priorizar los gastos: primero lo indispensable de la casa (mi tele y lo demás) y luego la fiesta. No deudas para eso. Hasta a dónde ajuste el esfuerzo y ya.
Esta es la primera imagen documentada que tenemos como "novios comprometidos"

Quedamos en tener certezas y decisiones ya tomadas y luego avisar a todo mundo.
Aguantamos así una semana. Les dijimos a nuestros respectivos papás. Vimos y decidimos por una recámara, un comedor y una sala. También una estufa y un refri.
Y tuvimos una semana muy feliz, pero incompleta, estábamos contentos pero no del todo, porque no lo habíamos compartido y todo ese rollo, lo contaré en otro episodio, que ahorita voy a jugar futbol....
Bueno, el pasado sábado cambié mi estado de En una Relación con Martha Verónica Sandoval a estar Comprometido con Martha... hablo en lenguaje Feisbuquero. Si a alguien le falta antecedentes de la historia Efrenmarthezca le ruego tenga a bien leer todo este blog y ahí encontrará detalles, sólo hablaré del tema en cuestión y de las últimas semanas.
El sábado 27 de febrero Martha se fue en la mañana a planear junto con Osa una clase que darían en el ITESO. Yo me fui con Molgado a preparar unas entrevistas para El Puente. Cuando coincidimos poco antes de la comida, me dijo que le dolía la cabeza y que estaba muy cansada porque le había tocado un tráfico horrible; a lo que le dije: "vámonos a Autlán, allá no hay tanto tráfico".
Fue la primera insinuación.
Luego hablábamos de montones de bodas que se cocinan por todos lados y cómo algunos compadres andan perdidos por la calle de la amargura. "Es que si el problema es el anillo dime, y te lo doy mañana".
Fue la segunda y la última insinuación de esa semana.
Quien me conoce sabe que nunca antes había hablado en serio del tema. Así que extrañada Martha me mandó un mensaje de texto el domingo en la noche, cuando yo ya estaba en Autlán: "estoy confundida, porqué dijiste eso? El fin de semana podemos hablar?" me decía más o menos. Le dije que sí podíamos hablar, y que estuviera tranquila.
Ella vino al siguiente fin a Autlán porque era cumpleaños de mi papá. Y mi convocatoria a que estuviera tranquila no rindió el más mínimo efecto. Estaba nerviosa e irritable. Me quería colgar por cualquier pretexto, hasta que le dije que estaba en lo correcto, que yo no estaba jugando ni que mentía ni que me había ido de boca. Que en serio quería que nos plantearamos la pertinencia de casarnos.
Se puso más nerviosa y hablaba incoherencias. Pero le dije lo siguiente: "Mira, si tuviéramos que inventar la vacuna contra el Sida, entonces sí nos preocupamos. Pero tenemos que fundar una familia y estadísticamente es más sencillo. Lo han hecho millones de personas toda la vida, hasta más pendejos que nosotros" y ya, más tranquilos nos fuimos a dormir.
Al otro día fuimos a caminar y platicamos. Le expuse algunas razones mías para querer casarme.
1.- Because "wife" is shortest than "girlfriend".
2.- Porque hace mucho frío en el pasillo de la casa de mi abuela.
3.- Porque quiero recuperar mi libro de Santoro y que nunca me haz regresado.
4.- Porque nunca he sido más feliz que mis últimos cinco años.
5.- Porque hemos aprendido a convivir en días bonitos y días para llorar.
6.- Porque nosotros nos podemos hacer lo pendejo que queramos, pero habrá un reloj que no nos la va a perdonar.
7.- Porque nuestros proyectos de vida personal, familiar y profesional son compatibles.
8.- Porque, cursimente, te amo más vez que sale el pinche sol.
También pensamos en qué hacer. Y decidimos a grandes rasgos.
Venirnos a vivir a Autlán. Por que una ciudad media es en términos familiares, mejor que una urbe del tamaño de Guadalajara.
Hacer una boda con todos sus rituales y necesidades. Civil, iglesia y una reunioncita familiar. Ofrecer una itesiana taquiza y priorizar los gastos: primero lo indispensable de la casa (mi tele y lo demás) y luego la fiesta. No deudas para eso. Hasta a dónde ajuste el esfuerzo y ya.
Esta es la primera imagen documentada que tenemos como "novios comprometidos"

Quedamos en tener certezas y decisiones ya tomadas y luego avisar a todo mundo.
Aguantamos así una semana. Les dijimos a nuestros respectivos papás. Vimos y decidimos por una recámara, un comedor y una sala. También una estufa y un refri.
Y tuvimos una semana muy feliz, pero incompleta, estábamos contentos pero no del todo, porque no lo habíamos compartido y todo ese rollo, lo contaré en otro episodio, que ahorita voy a jugar futbol....
viernes, enero 22, 2010
La muela del juicio
Espero no retractarme al rato, pero mis primeras impresiones con respecto a la mítica sacada de las muelas del juicio me parece un tanto exageradas. No me hago el valiente nada más porque sí. La operación duele, como cualquier otra extracción. La encia queda un poco más lastimada que en otro procedimiento, pero tampoco es para morir.
Comí y no quedé con hambre. Chayote cocido y caldito de pollo. Suavecito, pero aquello de comer con popote durante una semana ¡baaah! sospecho que mi doctor es una reata.
En fin, lo que sí es que tengo el cachete inflamado. La verdad es que podría ponerles una foto mía en este momento para mostrarles mi cachete. No le encuentro sentido porque me encontré otro cachete que es igualito al mío ahorita. El de Kiko. Nada más quítenle la cara de imbecil y ese soy yo.
En fin, espero no tener que retractarme. Voy a descansar el fin de semana. Así que espero que EU no invada Chiquihuitán, o que Emilio venga a emborracharse al Nápoles, pa descansar agusto. Lo demás, bien puede esperar.
Por cierto que me contaron un chiste muy malo:
Imitación chafa de Teo González: "Güey, que te vas a volver loco y ya no podrás ser abogado".
Yo: ¿Por?
Imitación...: Pos porque perdiste el juicio. La muela del juicio...
Ah ya vámonos.
Comí y no quedé con hambre. Chayote cocido y caldito de pollo. Suavecito, pero aquello de comer con popote durante una semana ¡baaah! sospecho que mi doctor es una reata.
En fin, lo que sí es que tengo el cachete inflamado. La verdad es que podría ponerles una foto mía en este momento para mostrarles mi cachete. No le encuentro sentido porque me encontré otro cachete que es igualito al mío ahorita. El de Kiko. Nada más quítenle la cara de imbecil y ese soy yo.
En fin, espero no tener que retractarme. Voy a descansar el fin de semana. Así que espero que EU no invada Chiquihuitán, o que Emilio venga a emborracharse al Nápoles, pa descansar agusto. Lo demás, bien puede esperar.
Por cierto que me contaron un chiste muy malo:
Imitación chafa de Teo González: "Güey, que te vas a volver loco y ya no podrás ser abogado".
Yo: ¿Por?
Imitación...: Pos porque perdiste el juicio. La muela del juicio...
Ah ya vámonos.
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jueves, enero 14, 2010
La coma y la carreta
He querido escribir este post durante todo el día y no han habido comas suficientes para darle un respiro a mi alma, murió, sí murió.
Hoy, fue un día triste para muchos egresados de Ciencias de la comunicación del ITESO. Falleció Raúl Mora SJ, maestro de los que marcan época, que significan mucho para todos y que son un auténtica guía. Para mí, además de todo eso fue mucho más. Mi maestro en el salón seis meses y mi asesor de tesis durante dos años.
Su clase, Análisis del Discurso, era mitológica para los de la carrera, quienes ya la habían tomado advertían que habían clases de baile: danzón, salsa y tango. Que se organizaban muchas comidas y que todas eran académicamente significativas. Era lo especial de esa materia.
Para argumentar, los enterados platicaban que tan visionario en esa área de análisis semiótico (de símbolos, sentido y significado) era Raúl, que su tesis de Doctorado estaba basada en una coma. El análisis de la obra completa de Alfonso Reyes en el que gracias a una coma, descubrió y entendió que un poema, estaba dedicado a su padre. Todo debidamente documentado y fundamentado.
Por Dios que el padre Raúl también era una mina de diamantes. Fue reportero de Proceso en Nicaragua al triunfo del Sandinismo. Escribió en la misma mítica revista la noticia que dió cuenta de la muerte y obra de Jean Paul Sartre. Y entre muchos otros, fue el inventor de un ITESO con esa visión social, humana y cristiana del mundo, que a tantos nos tiene marcados.
Quizá cuando más recuerdo a Raúl es con una lectura alterna de la obra Los Justos de Albert Camus. Ahí hay una parábola que analizada con los métodos moristas le da sentido a mi vida, o por lo menos pretendo que se lo dé. Camus no terminó esa historia, de hecho no sé si aparezca en un auténtico libro religioso. Pero va a las de acá.
"Un sabio y religioso monje recibió la invitación para entrevistarse con Dios. Lo citó un día en la cima de una montaña alta y hermosa. La emoción del personaje fue mayúscula, apenas podía imginar lo que significaría un encuentro con Dios, lo que le podría preguntar, lo que podría saber, el mensaje del que sería poseedor.
Cuando caminaba hacia la cita, se encontró a un hombre cuya carreta se había atascado en el lodo. Vestido con sus mejores ropas (dignas de una entrevista con Dios) dudó en ayudar al hombre en desatascarse y luego seguir su camino. El proceso fue largo y terminó todo sucio. Llegó ya al oscurecer a la cima alta de la montaña. Dios ya no estaba".
Una primera lectura es que a Dios le molesta la gente impuntual. Pero la lectura importante es la que aprendimos todos los que convivimos algún momento con Raúl. La cita con Dios, la cita con la trascendencia, con la vida, no es una cima alta y hermosa llena de flores y halagos. La cita, siempre es en la carreta. Ayudando a quien lo necesita. Ensuciando las mejores ropas. Dios no es la fama, ni el dinero. Es el servicio.
En cada acción espero ser un digno alumno. En cada página escrita de aquella tesis sabía que estaba lejos de ser tan buena como tantas que asesoró o que hizo, pero la hicimos con esa intención.
Mi corazón, el de cientos de personas, necesita una coma, para dar un descanso, para tomar un respiro y para ir al encuentro de Dios en la carreta, siempre en la carreta.
Hoy, fue un día triste para muchos egresados de Ciencias de la comunicación del ITESO. Falleció Raúl Mora SJ, maestro de los que marcan época, que significan mucho para todos y que son un auténtica guía. Para mí, además de todo eso fue mucho más. Mi maestro en el salón seis meses y mi asesor de tesis durante dos años.
Su clase, Análisis del Discurso, era mitológica para los de la carrera, quienes ya la habían tomado advertían que habían clases de baile: danzón, salsa y tango. Que se organizaban muchas comidas y que todas eran académicamente significativas. Era lo especial de esa materia.
Para argumentar, los enterados platicaban que tan visionario en esa área de análisis semiótico (de símbolos, sentido y significado) era Raúl, que su tesis de Doctorado estaba basada en una coma. El análisis de la obra completa de Alfonso Reyes en el que gracias a una coma, descubrió y entendió que un poema, estaba dedicado a su padre. Todo debidamente documentado y fundamentado.
Por Dios que el padre Raúl también era una mina de diamantes. Fue reportero de Proceso en Nicaragua al triunfo del Sandinismo. Escribió en la misma mítica revista la noticia que dió cuenta de la muerte y obra de Jean Paul Sartre. Y entre muchos otros, fue el inventor de un ITESO con esa visión social, humana y cristiana del mundo, que a tantos nos tiene marcados.
Quizá cuando más recuerdo a Raúl es con una lectura alterna de la obra Los Justos de Albert Camus. Ahí hay una parábola que analizada con los métodos moristas le da sentido a mi vida, o por lo menos pretendo que se lo dé. Camus no terminó esa historia, de hecho no sé si aparezca en un auténtico libro religioso. Pero va a las de acá.
"Un sabio y religioso monje recibió la invitación para entrevistarse con Dios. Lo citó un día en la cima de una montaña alta y hermosa. La emoción del personaje fue mayúscula, apenas podía imginar lo que significaría un encuentro con Dios, lo que le podría preguntar, lo que podría saber, el mensaje del que sería poseedor.
Cuando caminaba hacia la cita, se encontró a un hombre cuya carreta se había atascado en el lodo. Vestido con sus mejores ropas (dignas de una entrevista con Dios) dudó en ayudar al hombre en desatascarse y luego seguir su camino. El proceso fue largo y terminó todo sucio. Llegó ya al oscurecer a la cima alta de la montaña. Dios ya no estaba".
Una primera lectura es que a Dios le molesta la gente impuntual. Pero la lectura importante es la que aprendimos todos los que convivimos algún momento con Raúl. La cita con Dios, la cita con la trascendencia, con la vida, no es una cima alta y hermosa llena de flores y halagos. La cita, siempre es en la carreta. Ayudando a quien lo necesita. Ensuciando las mejores ropas. Dios no es la fama, ni el dinero. Es el servicio.
En cada acción espero ser un digno alumno. En cada página escrita de aquella tesis sabía que estaba lejos de ser tan buena como tantas que asesoró o que hizo, pero la hicimos con esa intención.
Mi corazón, el de cientos de personas, necesita una coma, para dar un descanso, para tomar un respiro y para ir al encuentro de Dios en la carreta, siempre en la carreta.
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jueves, enero 07, 2010
Dos errores garrafales
La humanidad ha cometido muchos errores garrafales. Pero hay dos que me son en particular muy molestos.
1.- La desaparición del Vocho.
Algún maldito capitalista neoliberal consideró que el Vocho era un peligro para los grandes intereses y que por comprar pintorescos, funcionales y económicos Vochos, todo mundo iría a consumir las horripilantes Hummers, pero tómala, que no. Es una lástima que este vehículo haya sido sacado del mercado. Voto por el presidente que prometa regresarlo a la circulación!!
2.- Dejar de usar sombrero.
El sombrero es una prenda de vestir tan necesaria y amable, que cuando el clima es frío, con sombrero se siente menos, lo he podido constatar y cuando hace calor, cubre del sol y evita cánceres en la piel y todo eso. Además no se trata de que todos usemos sombrero de charro o de ala ancha, hay sombreros de ciudad, elegantes, discretos, pero ya no está de moda. Es una pena.
Que errores tan más grandes.
1.- La desaparición del Vocho.
Algún maldito capitalista neoliberal consideró que el Vocho era un peligro para los grandes intereses y que por comprar pintorescos, funcionales y económicos Vochos, todo mundo iría a consumir las horripilantes Hummers, pero tómala, que no. Es una lástima que este vehículo haya sido sacado del mercado. Voto por el presidente que prometa regresarlo a la circulación!!
2.- Dejar de usar sombrero.
El sombrero es una prenda de vestir tan necesaria y amable, que cuando el clima es frío, con sombrero se siente menos, lo he podido constatar y cuando hace calor, cubre del sol y evita cánceres en la piel y todo eso. Además no se trata de que todos usemos sombrero de charro o de ala ancha, hay sombreros de ciudad, elegantes, discretos, pero ya no está de moda. Es una pena.
Que errores tan más grandes.
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martes, enero 05, 2010
El ocho de enero
El ocho de enero es para el común de los mortales una fecha instrascendente. O para ser más exactos es el octavo día del año. Llevan una semana de dieta y abstinencia alcohólica y tabaquera y ya están con las pilas puestas para que el año sea padrísimo (¡yupi, yupi!).
Para mí y para algunos pocos cientos de personas no. Ese día es el "mero día" de la Feria de Jalpa, Jalisco. De donde son mis papás y abuelos y a donde me gusta ir a descansar y a ver a mi familia.
Objetivamente la feria de Jalpa no es chida. Es decir, el jaripeo es caro y normalmente malito. Los grupos que amenizan los bailes los sacan del Callejón del Vicio de Autlán y cobran igual que como acá cobra Julión o la Recodo. Pero bueno. Tiene su lado romántico.
Jalpa es un pueblo que como miles de México se ha quedado solo. Que vive de las esperanzas y dineros que llegan del norte. Ir en cualquier época del año es ir a un pueblo lleno de pasividad, de calles solitarias, de personas amables, de una tienda que vende papas y refrescos y todo lo que se necesita para irla pasando. Ni pensar en un minisuper. Ni hablar de una cafetería o un bar. Menos de una fábrica.
Durante la feria eso cambia. Hombres y mujeres parecen salidos de cualquier cuento de Juan Rulfo y acuden al jardín, al templo o a la plaza de toros. Llegan muchachas y muchachos que repiten el ancestral ritual del enamoramiento. Amigos de antaño se reencuentran y los brindis son de antología. El pequeño jardin es insuficiente. En la calle venden Cantaritos con tequila. Hay juegos mecánicos.
La cosa empieza a las cinco de la mañana. Los cohetes despiertan a todos y es hora de ir al "Alba". Una ceremonia religiosa. Hace un frío escandaloso que se combate con una canela caliente y pan. Al medio día es el Recibimiento, comida gratis para todo el que vaya. Luego vienen los toros, un jaripeo donde también hace mucho frío y el baile, en el jardín, donde le cobran sólo a los hombres y les ponen un moñito a quienes ya pagaron. Luego más noche y con más frío hay que ver el castillo. La fiesta se acaba, con los últimos gramos de pólvora multicolor que se quema.
De niño me gustaba porque veía a mis papás y a mis tíos contentos. Como olvidándose de la pobreza y de la imperiosa necesidad de huír al norte. Veía como cantar canciones como "Pero que chula es la fiesta del Bajío, ay que lindos sus hembras y su son, rinconcito que guarda el amor mío, mi vida, tuyo es mi corazón", hacía que la nostalgia de estar lejos quedara reducida a nada.
Cada vez que escucho canciones como el mismo Herradero, o como Domingo Corrales, o como Recuerdos Tristes, se me pone la piel de gallina y debe ser por recordar el frío de la Sierra de Tapalpa y el calor de bailar y bailar, de comer sopitos con mi tía Güera frente al jardín, de beberse uno o dos cantaritos, de saludar a la raza. No sé.
A veces puedo ir, a veces no. Cuando no voy no logro abstenerme del ritmo del mundo y me acuerdo de Jalpa, no entiendo cómo los demás pueden ser ignorantes del milagro de la convivencia humana. De la nostalgia por no poder vivir en esa tierra propia. Donde la felicidad se escurre con el reloj, porque por mucha alegría llegará el último castillo y la corona se perderá en la noche oscura y cuando eso ocurra, la fiesta se habrá acabado.
Ya casi es ocho de enero (es cumpleaños de mi tía Lupe, por cierto y era refiestera y la pobre desde que se casó no va) y no sé si podré ir.
Lo que sí sé es que ese día, esté dónde esté, voy a despertar a las cinco y media y afinaré el oído pa escuchar los cohetes. Al medio día comeré cualquier cosa que sabrá a sopitos de picadillo. En la tarde esucharé banda y estaré atento a que griten "¡Puerta!", y en la noche, será momento del baile, del tequila y a la media noche, veré el cielo a ver si descubro los últimos destellos de la corona del castillo.
Pal resto del mundo es el octavo día del año. Para los que tenemos algún vínculo con Jalpa, es el día más nostálgico o fiestero del año. Todo depende.
Para mí y para algunos pocos cientos de personas no. Ese día es el "mero día" de la Feria de Jalpa, Jalisco. De donde son mis papás y abuelos y a donde me gusta ir a descansar y a ver a mi familia.
Objetivamente la feria de Jalpa no es chida. Es decir, el jaripeo es caro y normalmente malito. Los grupos que amenizan los bailes los sacan del Callejón del Vicio de Autlán y cobran igual que como acá cobra Julión o la Recodo. Pero bueno. Tiene su lado romántico.
Jalpa es un pueblo que como miles de México se ha quedado solo. Que vive de las esperanzas y dineros que llegan del norte. Ir en cualquier época del año es ir a un pueblo lleno de pasividad, de calles solitarias, de personas amables, de una tienda que vende papas y refrescos y todo lo que se necesita para irla pasando. Ni pensar en un minisuper. Ni hablar de una cafetería o un bar. Menos de una fábrica.
Durante la feria eso cambia. Hombres y mujeres parecen salidos de cualquier cuento de Juan Rulfo y acuden al jardín, al templo o a la plaza de toros. Llegan muchachas y muchachos que repiten el ancestral ritual del enamoramiento. Amigos de antaño se reencuentran y los brindis son de antología. El pequeño jardin es insuficiente. En la calle venden Cantaritos con tequila. Hay juegos mecánicos.
La cosa empieza a las cinco de la mañana. Los cohetes despiertan a todos y es hora de ir al "Alba". Una ceremonia religiosa. Hace un frío escandaloso que se combate con una canela caliente y pan. Al medio día es el Recibimiento, comida gratis para todo el que vaya. Luego vienen los toros, un jaripeo donde también hace mucho frío y el baile, en el jardín, donde le cobran sólo a los hombres y les ponen un moñito a quienes ya pagaron. Luego más noche y con más frío hay que ver el castillo. La fiesta se acaba, con los últimos gramos de pólvora multicolor que se quema.
De niño me gustaba porque veía a mis papás y a mis tíos contentos. Como olvidándose de la pobreza y de la imperiosa necesidad de huír al norte. Veía como cantar canciones como "Pero que chula es la fiesta del Bajío, ay que lindos sus hembras y su son, rinconcito que guarda el amor mío, mi vida, tuyo es mi corazón", hacía que la nostalgia de estar lejos quedara reducida a nada.
Cada vez que escucho canciones como el mismo Herradero, o como Domingo Corrales, o como Recuerdos Tristes, se me pone la piel de gallina y debe ser por recordar el frío de la Sierra de Tapalpa y el calor de bailar y bailar, de comer sopitos con mi tía Güera frente al jardín, de beberse uno o dos cantaritos, de saludar a la raza. No sé.
A veces puedo ir, a veces no. Cuando no voy no logro abstenerme del ritmo del mundo y me acuerdo de Jalpa, no entiendo cómo los demás pueden ser ignorantes del milagro de la convivencia humana. De la nostalgia por no poder vivir en esa tierra propia. Donde la felicidad se escurre con el reloj, porque por mucha alegría llegará el último castillo y la corona se perderá en la noche oscura y cuando eso ocurra, la fiesta se habrá acabado.
Ya casi es ocho de enero (es cumpleaños de mi tía Lupe, por cierto y era refiestera y la pobre desde que se casó no va) y no sé si podré ir.
Lo que sí sé es que ese día, esté dónde esté, voy a despertar a las cinco y media y afinaré el oído pa escuchar los cohetes. Al medio día comeré cualquier cosa que sabrá a sopitos de picadillo. En la tarde esucharé banda y estaré atento a que griten "¡Puerta!", y en la noche, será momento del baile, del tequila y a la media noche, veré el cielo a ver si descubro los últimos destellos de la corona del castillo.
Pal resto del mundo es el octavo día del año. Para los que tenemos algún vínculo con Jalpa, es el día más nostálgico o fiestero del año. Todo depende.
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domingo, diciembre 13, 2009
Sería un buen negocio
En la posada del sábado a Martha y a mí nos tocó llevar las piñatas.
Hey gente capitalista y emprendedora!!: pongan una tienda que venda palos para quebrar piñatas, serían los únicos que venderían el producto y seguro lograrían un monopolio más cabrón que el de Slim.
Neta. Haganme caso y serán millonarios y cuando pongan su tienda de palos pa quebrar piñatas. Ustedes avísen.
Nota extra: A todo aquél gañán o gañana que quiera colgarse del mío -post- para alburear, sepan desde ahora que soy el chico temido del barrio, del mismo barrio donde vive Doña Rosa, la que vende mangos, así que aguas.
Hey gente capitalista y emprendedora!!: pongan una tienda que venda palos para quebrar piñatas, serían los únicos que venderían el producto y seguro lograrían un monopolio más cabrón que el de Slim.
Neta. Haganme caso y serán millonarios y cuando pongan su tienda de palos pa quebrar piñatas. Ustedes avísen.
Nota extra: A todo aquél gañán o gañana que quiera colgarse del mío -post- para alburear, sepan desde ahora que soy el chico temido del barrio, del mismo barrio donde vive Doña Rosa, la que vende mangos, así que aguas.
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jueves, diciembre 10, 2009
Platos de ayer. Platos de hoy.
Tuve uno de mis primeros trabajos a los siete años.
Mis actividades consistían en llevar comida a mis tíos y trabajadores que sembraban maíz y calabazas en un potrero de mi abuelo. A las diez de la mañana llegaban las costalillas a casa de mi abuela, yo las subía a un burro y encaminaba al animal al potrero. La gente comía y platicaba. No sabía de teoría sociales y esos momentos me parecían una fiesta. Así que un día yo quise aguardar mi almuerzo para comer con todos ellos.
Así que preparé mi costalilla con tortillas, frijolitos, quesito, y no encontré un plato de plástico. Así que agarré uno de la cocina de mi mamá, de vidrio, bonito.
"¡No te lleves ese plato, Carlos, lo vas a quebrar!", es mi madre quien me advierte cuando se da cuenta que me llevaré ese plato. No mutú su ánimo cuando prometí cuidarlo.
Ese almuerzo fue efectivamente una fiesta. Me platicaron del maíz. Hablaron de fútbol. De sus novias y yo escuchaba y aprendía y en el fondo, quería en algún momento hacer lo mismo. Imaginé que no había una vida más perfecta que esa.
Cuando el descanso terminó yo metí todas mis cosas en la costalilla. No había avanzado ni treinta metros cuando escuché que algo se quebró. Morí de miedo.
El plato estaba insolentemente roto y yo espantado. Aún así respiré y rápido armé tres opciones:
1.- Ocultar las evidencias del crimen, mentir sobre lo ocurrido. Fingir demencia.
2.- Recurrir a mi abuela, que me diera un plato igual de los que ella tenía muchos.
3.- Pegar el plato con kola loca.
Descarté la primera opción porque era (soy) malísimo pa decir mentiras premeditadamente. Además mi madre era (es) una imitación de agenda de la CIA. Seguro me descubriría. Mi abuela seguro me ayudaría, pero también seguro le contaría a mi mamá, así que adiós. Opté por la tercera opción.
Armé los cuatro pedazos del plato. Les puse Kola loca. Esperé paciente a que se pegara y eso nunca ocurrió. En su lugar hubo plasta amorfa de vidrio frágil que puse con cuidado junto a los demás.
Mi mamá se dió cuenta y su regaño fue por básicamente dos razones: la primera por no hacerle caso a sus advertencias: "Si te digo que va a pasar, es porque va a pasar" sentenció divina. La segunda razón fue por tratar de verle la cara de mensa.
Algo se rompió ese día. No hablo del plato. Algo en mi destino. Que con frecuencia me ha pasado que apenas pienso "Imaginé que no había una vida más perfecta que esa". Luego se quebra un plato. Como el que tengo en mis manos. No sé si ya se rompió. No sé cómo evitar que se rompa. No sé si es tan trágico que pase. Pero me siento igual que esa mañana.
El plato, no volverá a ser nunca igual.

Snif.
Mis actividades consistían en llevar comida a mis tíos y trabajadores que sembraban maíz y calabazas en un potrero de mi abuelo. A las diez de la mañana llegaban las costalillas a casa de mi abuela, yo las subía a un burro y encaminaba al animal al potrero. La gente comía y platicaba. No sabía de teoría sociales y esos momentos me parecían una fiesta. Así que un día yo quise aguardar mi almuerzo para comer con todos ellos.
Así que preparé mi costalilla con tortillas, frijolitos, quesito, y no encontré un plato de plástico. Así que agarré uno de la cocina de mi mamá, de vidrio, bonito.
"¡No te lleves ese plato, Carlos, lo vas a quebrar!", es mi madre quien me advierte cuando se da cuenta que me llevaré ese plato. No mutú su ánimo cuando prometí cuidarlo.
Ese almuerzo fue efectivamente una fiesta. Me platicaron del maíz. Hablaron de fútbol. De sus novias y yo escuchaba y aprendía y en el fondo, quería en algún momento hacer lo mismo. Imaginé que no había una vida más perfecta que esa.
Cuando el descanso terminó yo metí todas mis cosas en la costalilla. No había avanzado ni treinta metros cuando escuché que algo se quebró. Morí de miedo.
El plato estaba insolentemente roto y yo espantado. Aún así respiré y rápido armé tres opciones:
1.- Ocultar las evidencias del crimen, mentir sobre lo ocurrido. Fingir demencia.
2.- Recurrir a mi abuela, que me diera un plato igual de los que ella tenía muchos.
3.- Pegar el plato con kola loca.
Descarté la primera opción porque era (soy) malísimo pa decir mentiras premeditadamente. Además mi madre era (es) una imitación de agenda de la CIA. Seguro me descubriría. Mi abuela seguro me ayudaría, pero también seguro le contaría a mi mamá, así que adiós. Opté por la tercera opción.
Armé los cuatro pedazos del plato. Les puse Kola loca. Esperé paciente a que se pegara y eso nunca ocurrió. En su lugar hubo plasta amorfa de vidrio frágil que puse con cuidado junto a los demás.
Mi mamá se dió cuenta y su regaño fue por básicamente dos razones: la primera por no hacerle caso a sus advertencias: "Si te digo que va a pasar, es porque va a pasar" sentenció divina. La segunda razón fue por tratar de verle la cara de mensa.
Algo se rompió ese día. No hablo del plato. Algo en mi destino. Que con frecuencia me ha pasado que apenas pienso "Imaginé que no había una vida más perfecta que esa". Luego se quebra un plato. Como el que tengo en mis manos. No sé si ya se rompió. No sé cómo evitar que se rompa. No sé si es tan trágico que pase. Pero me siento igual que esa mañana.
El plato, no volverá a ser nunca igual.
Snif.
miércoles, diciembre 09, 2009
Historia
Son la cinco de la tarde. Ya terminé de escribir y de grabar algunas notas para el noticiero de mañana. Tendría que ir a cubrir la sesión de Ayuntamiento pero me avisan que iniciará hasta dentro de una hora. Técnicamente tengo una hora libre.
Y me puse a leer y a revisar algunas cosas y de repente me dieron ganas de volver aquí y escribir, porque leía algunos post y me di cuenta que mi vecina adolescente ya ha tenido como tres novios que, afortunadamente para mí, no le llevan serenata con narcocorridos. Que han pasado por lo menos doce cosas que cuando pasaron dije: "esto estaría chido ponerlo en el blog", pero que por holgazán, nada más no lo he hecho. De repente como que escribir aquí dejó de ser divertido.
Pero hoy me dieron ganas de venir y no prometo hacerlo ya a partir de ahora, ni hacerlo con frecuencia, pero hoy contaré una de esas historias, hoy ficción, que se quedaron en el tintero.
El jabón
En las manos del hombre aún quedan remansos de paz. Cuando el corazón se acelera, pone las puntas de los dedos en la naríz y aspira, al principio bastaba un suspiro suave. Hacía un par de horas que para reconocer el olor a mujer había que sorber fuerte, como aspirando una raya de coca.
El hombre mete la cabeza en la almohada. Las sienes casi le estallan. Cuando siente no poder más, camina hacia el baño y en el metro y medio que hay al lavabo, parece caminar como por la viga de un edificio en construcción en el piso catorce. El suelo se aleja. El suelo regresa. Vomita.
Las manos del hombre están frente a los ojos. Dentro de los ojos se dibuja la imagen de la mujer. La piel morena con pecas en el pecho, en el cuello y en los senos. Las mejillas con el rubor de los golpes. Los ojos inflamados por las lágrimas, un verde claro rodeado de rojo. Más al sur está un vientre plano, que se infla y desinfla con la respiración. Y unas caderas que huyen como peces en el agua.
La cabeza del hombre está bajo el chorro de la regadera. Sus pies están fríos. Sus dedos recorren los brazos que la mejor arañó. En los oídos está el agua de la regadera, los automóviles en la calle. El radio que anuncia ofertas de las compras navideñas. Y los gritos de la mujer.
Las manos del hombre abrazan la espalda de la mujer. Las piernas obligan a las piernas a no cerrarse. La barba besa los labios y los raspa. El aliento muerde. Los dientes no ofrecen tregua. El pelo es la toalla para secar el sudor. La saliva. La sangre. Y bajo las uñas queda el olor.
El jabón no se lleva el olor del hombre. El jabón no conserva el aroma de la mujer. La espuma no cura las heridas. La espuma no pega los pedazos de corazón. El jabón vuela y cae a los pies del hombre. En los ojos se mezclan la barra azul y la piel moteada. El pie frío da un paso en falso. La imagen se rompe en diez mil pedazos, junto con la cabeza.
Nueva sangre. Nuevo olor. No hay jabón que lo disfrace.
Y me puse a leer y a revisar algunas cosas y de repente me dieron ganas de volver aquí y escribir, porque leía algunos post y me di cuenta que mi vecina adolescente ya ha tenido como tres novios que, afortunadamente para mí, no le llevan serenata con narcocorridos. Que han pasado por lo menos doce cosas que cuando pasaron dije: "esto estaría chido ponerlo en el blog", pero que por holgazán, nada más no lo he hecho. De repente como que escribir aquí dejó de ser divertido.
Pero hoy me dieron ganas de venir y no prometo hacerlo ya a partir de ahora, ni hacerlo con frecuencia, pero hoy contaré una de esas historias, hoy ficción, que se quedaron en el tintero.
El jabón
En las manos del hombre aún quedan remansos de paz. Cuando el corazón se acelera, pone las puntas de los dedos en la naríz y aspira, al principio bastaba un suspiro suave. Hacía un par de horas que para reconocer el olor a mujer había que sorber fuerte, como aspirando una raya de coca.
El hombre mete la cabeza en la almohada. Las sienes casi le estallan. Cuando siente no poder más, camina hacia el baño y en el metro y medio que hay al lavabo, parece caminar como por la viga de un edificio en construcción en el piso catorce. El suelo se aleja. El suelo regresa. Vomita.
Las manos del hombre están frente a los ojos. Dentro de los ojos se dibuja la imagen de la mujer. La piel morena con pecas en el pecho, en el cuello y en los senos. Las mejillas con el rubor de los golpes. Los ojos inflamados por las lágrimas, un verde claro rodeado de rojo. Más al sur está un vientre plano, que se infla y desinfla con la respiración. Y unas caderas que huyen como peces en el agua.
La cabeza del hombre está bajo el chorro de la regadera. Sus pies están fríos. Sus dedos recorren los brazos que la mejor arañó. En los oídos está el agua de la regadera, los automóviles en la calle. El radio que anuncia ofertas de las compras navideñas. Y los gritos de la mujer.
Las manos del hombre abrazan la espalda de la mujer. Las piernas obligan a las piernas a no cerrarse. La barba besa los labios y los raspa. El aliento muerde. Los dientes no ofrecen tregua. El pelo es la toalla para secar el sudor. La saliva. La sangre. Y bajo las uñas queda el olor.
El jabón no se lleva el olor del hombre. El jabón no conserva el aroma de la mujer. La espuma no cura las heridas. La espuma no pega los pedazos de corazón. El jabón vuela y cae a los pies del hombre. En los ojos se mezclan la barra azul y la piel moteada. El pie frío da un paso en falso. La imagen se rompe en diez mil pedazos, junto con la cabeza.
Nueva sangre. Nuevo olor. No hay jabón que lo disfrace.
martes, marzo 17, 2009
Un tipo enamorado
Frente a mi casa vive una señorita que tuvo un hijo de un tipo igual de adolescente que ella. Contrario a muchas historias estos dos amenos personajes no fueron obligados a casarse, o quién sabe qué pasaría. El caso es que no viven juntos, para el pesar del enamorado padre del bebé, quien sigue prendido de la adolescente madre de su hijo.
Pero algo raro pasa. El amor no corresponde siempre.
Ha sido más o menos frecuente que ronde por la casa, que aproveche que la mujer salga con el niño a la tienda para saludarla a ella y darle un beso a él.
Anoche por ejemplo, me quedó claro que el adolescente tiene problemas con sus técnicas de reconquista. Aún padezco sueño por su idiotéz.
Era la hora del ánima cuando yo con no más de una hora de sueño escuché unos gritos desgarradores en la calle. Era el personaje en cuestión del que desconozco su nombre pero que me he acostumbrado a escuchar su voz. Sin embargo anoche sonaba a alcohol, a varias horas consumiendo cerveza o mezcal o lo que le hubiera alcanzado.
Iba en una camioneta. Y le gritó: "Te voy a poner música pa que estés contenta"
La serenata, que en ese momento yo esperaba cursi y tierna, fue la combinación de un acordeón y una guitarra con una voz aguardientosa que narraba las aventuras de un narco para llevar kilos de coca a unos compinches en Tijuana; el arrabal musical no me es desconocido, pero esa canción no la reconocí.
Aún así creo que declarar amor a gritos fundido con simulaciones de disparos de cuerno de chivo, es la mejor manera de espantarle el sueño a los inocentes vecinos y las ganas de volver a la madre adolescente.
A ella la imaginé tapándole con las manos las orejas a su hijo, rezando porque ese amor narcomusical, no alterara el sueño del niño que según me he enterado por los gritos de otras noches, tiene los ojos del abuelo paterno y fue concebido una noche de amor y luna en una playa con el fondo musical de una balada de la banda El Limón.
Pero algo raro pasa. El amor no corresponde siempre.
Ha sido más o menos frecuente que ronde por la casa, que aproveche que la mujer salga con el niño a la tienda para saludarla a ella y darle un beso a él.
Anoche por ejemplo, me quedó claro que el adolescente tiene problemas con sus técnicas de reconquista. Aún padezco sueño por su idiotéz.
Era la hora del ánima cuando yo con no más de una hora de sueño escuché unos gritos desgarradores en la calle. Era el personaje en cuestión del que desconozco su nombre pero que me he acostumbrado a escuchar su voz. Sin embargo anoche sonaba a alcohol, a varias horas consumiendo cerveza o mezcal o lo que le hubiera alcanzado.
Iba en una camioneta. Y le gritó: "Te voy a poner música pa que estés contenta"
La serenata, que en ese momento yo esperaba cursi y tierna, fue la combinación de un acordeón y una guitarra con una voz aguardientosa que narraba las aventuras de un narco para llevar kilos de coca a unos compinches en Tijuana; el arrabal musical no me es desconocido, pero esa canción no la reconocí.
Aún así creo que declarar amor a gritos fundido con simulaciones de disparos de cuerno de chivo, es la mejor manera de espantarle el sueño a los inocentes vecinos y las ganas de volver a la madre adolescente.
A ella la imaginé tapándole con las manos las orejas a su hijo, rezando porque ese amor narcomusical, no alterara el sueño del niño que según me he enterado por los gritos de otras noches, tiene los ojos del abuelo paterno y fue concebido una noche de amor y luna en una playa con el fondo musical de una balada de la banda El Limón.
jueves, marzo 05, 2009
Ya no les debo, cabrones.
Durante los últimos años de mi vida imaginé el martes pasado.
No sabía yo que ese día soñado sería el martes, pero fue. Imaginaba que ese día tendría derecho a caminar como torero partiendo plaza. Que andaría por la calle con una sonrisa de oreja a oreja y que quien me viera no tendría más remedio que preguntar:
"¿Qué onda Caon, porqué tan contento?"
A lo que yo más orgulloso aún podría contestar:
"Es que ya no les debo a los cabrones".
Hace casi diez años que decidí que estudiaría Ciencias de la Comunicación, un tipo pueblerino e inocente tuvo que darse cuenta que la vida era algo más que la UdeG y que la Normal de Ciudad Guzmán. Supe además que la educación es carísima y encontré en los programas de becas algunas esperanzas que al final se cumplieron.
Supe también desde ese momento que el crédito de la mitad de la carrera en el Iteso, no sería un trompo fácil de echarse a la uña. Cuatro años cuando salí, con pagarés que en ese entonces eran una fortuna y que casi estaba seguro que no podría pagar. Hubo días muy complicados, como imagino todo el mundo, la cantidad de a poco se redujo y el martes fue el día en que no quedó más remedio que decir: "Ya no les debo, cabrones".
Y resulta que la mayor satisfacción fue terminar la fila de media hora que hice en el banco. Resulta que sí me sentí contento, pero tampoco fue una emoción equiparable a la graduación, o a la titulación. No sé, dicen algunos que me estoy haciendo de piedra... yo digo que no.
Cuando vi el recibo y luego en la cuenta final, veo que pa terminar por completo me faltan siete pesos. Tendré el orgullo de pagarlos en efectivo y en caja, como pa recordar y ver qué es distinto a hace ya diez años que visité esos lugares por primera vez.
Quizá me encuentre a otro pueblerino que como yo en aquel entonces, me vea y piense mil cosas, imagine muchos escenarios, esté consciente del esfuerzo y no tenga la certeza de si algún día él irá a recoger su título y a decir gracias, adiós.
Si lo viera le diría que ni se apurara. Que por más que imagine ese día, no tendrá más color que cualquier otro día gris. Lo formativo es el proceso. Lo mágico está en los años. Eso no es ningún secreto, todo mundo lo sabe.
Creo que fue un trato injusto, la carrera me dio un modo de vida y yo apenas el precio de dos coches austeros y nuevos.
Después de todo creo que sí estoy orgulloso y contento, no tanto como pensé que lo estaría o capáz que lo seré completo cuando pague los siete pesos, no sé... sólo sé que merezco una cerveza.
No sabía yo que ese día soñado sería el martes, pero fue. Imaginaba que ese día tendría derecho a caminar como torero partiendo plaza. Que andaría por la calle con una sonrisa de oreja a oreja y que quien me viera no tendría más remedio que preguntar:
"¿Qué onda Caon, porqué tan contento?"
A lo que yo más orgulloso aún podría contestar:
"Es que ya no les debo a los cabrones".
Hace casi diez años que decidí que estudiaría Ciencias de la Comunicación, un tipo pueblerino e inocente tuvo que darse cuenta que la vida era algo más que la UdeG y que la Normal de Ciudad Guzmán. Supe además que la educación es carísima y encontré en los programas de becas algunas esperanzas que al final se cumplieron.
Supe también desde ese momento que el crédito de la mitad de la carrera en el Iteso, no sería un trompo fácil de echarse a la uña. Cuatro años cuando salí, con pagarés que en ese entonces eran una fortuna y que casi estaba seguro que no podría pagar. Hubo días muy complicados, como imagino todo el mundo, la cantidad de a poco se redujo y el martes fue el día en que no quedó más remedio que decir: "Ya no les debo, cabrones".
Y resulta que la mayor satisfacción fue terminar la fila de media hora que hice en el banco. Resulta que sí me sentí contento, pero tampoco fue una emoción equiparable a la graduación, o a la titulación. No sé, dicen algunos que me estoy haciendo de piedra... yo digo que no.
Cuando vi el recibo y luego en la cuenta final, veo que pa terminar por completo me faltan siete pesos. Tendré el orgullo de pagarlos en efectivo y en caja, como pa recordar y ver qué es distinto a hace ya diez años que visité esos lugares por primera vez.
Quizá me encuentre a otro pueblerino que como yo en aquel entonces, me vea y piense mil cosas, imagine muchos escenarios, esté consciente del esfuerzo y no tenga la certeza de si algún día él irá a recoger su título y a decir gracias, adiós.
Si lo viera le diría que ni se apurara. Que por más que imagine ese día, no tendrá más color que cualquier otro día gris. Lo formativo es el proceso. Lo mágico está en los años. Eso no es ningún secreto, todo mundo lo sabe.
Creo que fue un trato injusto, la carrera me dio un modo de vida y yo apenas el precio de dos coches austeros y nuevos.
Después de todo creo que sí estoy orgulloso y contento, no tanto como pensé que lo estaría o capáz que lo seré completo cuando pague los siete pesos, no sé... sólo sé que merezco una cerveza.
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miércoles, febrero 25, 2009
Vulnerable ante el chantaje
La verdad es que me dieron coba y no sé si para mal pero me la creí y aquí estoy de vuelta.
Duré no sé cuántos meses sin escribir en este espacio para perder el tiempo y han pasado muchas cosas trascendentes desde entonces.
Descubrí el feisbuk y resulta que ha servido para ver que no nada más a mí me han salido panza y arrugas (jajajaja, se los tenía que decir, jiji). Han pasado muchos días, pocas cervezas, generosos corajes y muchos kilómetros.
El caso es que retomo este asunto. No sé donde termine pero tengo la certeza de que lo reinicio con la misma intención que lo empecé hace ya muchos meses que se hicieron años: para escribir sin muchas preocupaciones, de gusto y a mi gusto, sin presiones y aunque sí con ilusiones y calzones (espero, eso de escribir encuerado sería medio incómodo).
¿Porqué escribiré aquí de nuevo?
Básicamente porque me dieron coba. Me dijeron que le hacía mal al mundo que no narrara cosas trascendentes como que el Mario se enojó porque Fabián se llevo un poquito de tequila a regarle a una amiga durante la última noche carnavalera. Me dijeron que la humanidad estaba mejor cuando yo les describía los emocionantes movimientos de Bosé en sus conciertos y las lágrimas fluían cuando la cursilería afloraba.
Habrá varias anécdotas que habrá que escribir y que pasaron en este tiempo. Entre ellas,
Duré no sé cuántos meses sin escribir en este espacio para perder el tiempo y han pasado muchas cosas trascendentes desde entonces.
Descubrí el feisbuk y resulta que ha servido para ver que no nada más a mí me han salido panza y arrugas (jajajaja, se los tenía que decir, jiji). Han pasado muchos días, pocas cervezas, generosos corajes y muchos kilómetros.
El caso es que retomo este asunto. No sé donde termine pero tengo la certeza de que lo reinicio con la misma intención que lo empecé hace ya muchos meses que se hicieron años: para escribir sin muchas preocupaciones, de gusto y a mi gusto, sin presiones y aunque sí con ilusiones y calzones (espero, eso de escribir encuerado sería medio incómodo).
¿Porqué escribiré aquí de nuevo?
Básicamente porque me dieron coba. Me dijeron que le hacía mal al mundo que no narrara cosas trascendentes como que el Mario se enojó porque Fabián se llevo un poquito de tequila a regarle a una amiga durante la última noche carnavalera. Me dijeron que la humanidad estaba mejor cuando yo les describía los emocionantes movimientos de Bosé en sus conciertos y las lágrimas fluían cuando la cursilería afloraba.
Habrá varias anécdotas que habrá que escribir y que pasaron en este tiempo. Entre ellas,
- Levantarse a las cinco de la mañana te lleva a la dimensión desconocida.
- La noche que Molgado y yo vimos la estrellas mientras dormíamos.
- Le dije pendejo a Juan.
- Nunca entendí porque a Mario le dejaron de decir el Negro.
- Gaby hizo sonreir a la de los dogos, merece el Nobel de la Paz.
- Ya no les debo, malditos.
- Cihuatlán es la tierra del Rudo y el Cursi.
en fin, supongo que habrá muchas otras.
Hoy solo me reporto y mando señales.
A ver que sale de nuevo.
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