La Taberna del Turco se publica originalmente en Letra Fría. Esta columna, por mi tardanza en entregarla no se alcanzó a publicar ahí, pero quería compartirla.
martes, septiembre 18, 2012
Taberna del Turco. Un brindis por la traición
sábado, julio 21, 2012
¿Aún sirve mi blog?
Tengo mucho sin escribir nada. Quizá sea un buen momento para tener un espacio para escribir, como siempre ha sido este espacio, sin tanto formalismo, sin ser políticamente correcto.
Apuntes para mis cuates, era la idea original. ¿Vuelvo a o no?
viernes, septiembre 24, 2010
Las mujeres y los vestidos
Y le dije a Fabián, que hacía lo propio: "Si las mujeres supieran lo hermosas que se ven con vestido, lo usarían todos los días".
Mi amigo es inteligente, ya lo he dicho muchas veces, y agregó alguna reflexión que abonó a la idea y que, hablaba de lo difícil en términos prácticos que debe ser verse bien todo el tiempo.
Entonces reflexioné -Sabina ya regresaba al pueblo con Mar, pues el otoño había tardado en llegar lo mismo que el invierno- que ahí es donde radica la magia del vestido. Pues recordé a decenas de mujeres que en otros escenarios lucen poco agraciadas y el día que se quitaron los jeans y los tenis, y se pusieron el vestido o la falda a las rodillas, hicieron que varios volteáramos a verlas y algunos, soltaran un suspiro.
Nunca he sido conservador, pero a veces me pregunto si no estaríamos un poco más felices guardando cosas de antes. Por este Autlán y otro par de ciudades que frecuento, caminan seres humanos a los que hay que dedicarles un rato para descifrar si son féminas o varones. Iniciaron las estéticas Unisex y ahora todo parece igual.
Alguien en algún momento y estoy seguro que por intereses exclusivamente personales, nos convenció a todos de promover políticas y acciones que nos hicieran iguales. Ni yo ni nadie está en contra de que todos seamos dignos y que nadie sea lastimado y le sea negado su derecho al desarrollo. Hablo de la identidad, de los elementos que nos hacen relacionarnos con el mundo y al mundo con nosotros.
Y siento nostalgia por un mundo que viví sólo de pasada. Cuando las mujeres andaban en la calle en vestido que destacaban lo que hace bellas a las mujeres: las curvas. Algunas pronunciadas y otras escuetas, pero todas bellas. Ahora usan unos pantalones horrorosos que hacen entrar cada pierna en un empaque vacío de Platívolos Marinela y unos playeras que incluso las de pronunciadas llantas -capaces de criar moscos del dengue- se avistan.
"Ya no es lo mismo Vale" le digo a Fabián: "Es políticamente incorrecto marcar diferencias, e incluso en los más elementales principios teóricos, se requieren las diferencias para reafirmar las identidades propias. Vamos camino a ser una sociedad sin identidad, sin saber reconocerse".
Porque sobre todo en las relaciones entre el sexo femenino y el masculino, no hay nada más seductor que las diferencias. Y se marcan en sutilezas como la manera de vestirse.
"Pobres también de ellas" reconoce también Fabián: "Nosotros no vestimos Traje todos los días".
Y le doy la razón. Y sigue mi nostalgia, porque si bien, a todos los hombres nos gusta ver las curvas que prometen la calidéz, la ternura y la pasión -Caderas en las que no se pone nunca el sol, diría nuestro musical acompañante-, sospecho que a las mujeres les gusta ver en nosotros vestigios de eso que ya no somos: cazadores, guerreros, es decir, hombres duros capaces de defenderlas; toscos, sobrios, pero vulnerables únicamente a su seducción.
Darwin tendrá que volver, y reescribir su teoría de la Evolución de las Especies. Tendrá que agregar esos horribles pantalones de las mujeres y esas terroríficas cejas depiladas que tantos adolescentes le imitan al Chícharito Hernández.
domingo, agosto 22, 2010
Soneto a Martha, en el quinto aniversario
obliga a ser sincero y decir
trascendencia, cariño haces sentir.
En mí, por tí, no hay lucha perdida.
Combates con candor a la distancia
matas con paciencia el pesimismo
tu beso heraldo, no espejismo,
de amor que engendra esperanza.
A tu lado estoy completo, vivo.
Mi vida, la tuya, es complicidad.
Sentido noble, fuerte, constructivo.
De dicha completa y seguridad.
Ganemos guerras, giro sorpresivo
construyamos juntos la felicidad.
lunes, mayo 10, 2010
El borracho y la serenata
Me estoy haciendo medio viejo, pensé al recordar cuando yo daba serenatas el diez de mayo. Y es que con el perdón, no era igual.
Estuve en la rondalla oficial de la Secundaria. Ya saben, era medio nerd. Sabía tocar la guitarra y el Contrabajo -tololoche, pa los compas- algunas canciones en el acordeón, y modestía aparte, sabía cantar, me entonaba, igual que ahora. Tenía muchos amigos igual que yo. Así que esa noche éramos los más solicitados, nos ofrecían transporte y café.
La dinámica era sencilla. A partir de una hora indecente de la madrugada, salíamos a la calle y hacíamos un plan de recorrido, la casa del que vivía más lejos para cantarle las mañanitas a su jefecita y comportarnos como unos decentes mercenarios... ya se la saben.
Pasos sigilosos hasta la puerta -¡cállense cabrones!- el primer acorde en Re mayor, pa agarrar tono, Las Mañanitas. Mis amigos y yo, que ya le sabíamos al negocio teníamos un plan: si la luz se prendía con la primer canción y nos invitaban a pasar, ya en el pasillo con el compadre de la casa, abrazando a su despeinada pero orgullosa progenitora, le cantabamos otra canción, para que en los compaces de "A tí que me diste tu vida, tu amor y espacio, a ti que cargaste en tu vientre, dolor y cansancio..." nos calentaran el café. A veces así ocurría, otras se tardaban y sólo era alguna otra canción.
Luego cuando el café llegaba me hacía el Pedro Infante y yo solito cantaba aquello de "Cariño que Dios me ha dado, para quererlooooo, cariño que a mí me quiere sin interés... ay que dichoso soy..." y todo eso.
Había veces que hasta el marido salía, nos invitaba un tequila y entonces, sólo entonces, Juan Luis, campeón de declamación todos los años de la secundaria, se aventaba una poesía.
Insisto, eran otros tiempos.
Por alguna razón hoy recordé una anecdota. Fue de los últimos años que pudimos andar por las calles en la madrugada, sin más preocupaciones que los perros. Estábamos en la colonia Ejidal, una colonia de gente buena, aunque pobre y con problemas de seguridad, ahora más fuertes que antes.
Se nos pegó un teporocho clásico. Sucio, barbón, oliendo a alcohol y escandaloso, entrado en años pero aún joven, fuerte. Algunos amigos lo conocían y sólo le pedían que no hiciera mucho ruido antes de empezar a cantar. Quizá por eso como en cinco casas que nos acompañó no nos dejaron ni pasar al pasillo y yo ya traía la garganta reseca. Un poco molesto, la verdad. Apenas iba a abrir la boca para quejarme cuando vi al borracho sentarse en una casa, la verdad no muy jodida, con jardin en la entrada y toda de material, pintada bonita.
Algunos amigos se regresaron y entonces caí en cuenta. Le di a la guitarra. Otros me siguieron. El borracho empezó a llorar, fuerte, muy, muy fuerte. También a veces le daba risa y apuntaba bailando hacia la casa. "Su mamá" me dijo Isaías. "Supuse" le dije.
La luz se prendió a la tercera estrofa y el borracho se puso más contento. Terminamos la canción y nadie salió. El borracho se quedó sentado en la banqueta y dijo la única palabra que le entendí en toda la noche: "Gracias".
Nos fuimos y él se quedó ahí.
Quiero pensar que a partir de ahí se reconcilió con su familia. Lo he vuelto a ver, muchas veces y por supuesto que no se acuerda de mí. De esas veces algunas anda borracho, pero ya no tan sucio, ni tan jodido como aquella vez.
Otras anda sucio, de cal, arena y con un brillo en los ojos que sólo reflejan el cansancio del trabajo duro y de una vida digna. También quiero pensar que es el brillo que se obtiene al ser amado por la madre, a la que se le lleva serenata los diez de mayo.
martes, abril 13, 2010
La razón y la victoria
Quédate siempre del lado de la razón, aunque en apariencia eso no te de la victoria.
Porque qué patético e inhumano es, que con afán de victoria, con afán de salir bien librado y aplaudido, nos alejamos de la verdad y la razón.
Eso no es de bien nacidos.
miércoles, marzo 24, 2010
Quiero chillar
Hoy mi hermano Luis Alonso, me hizo sonreir y que se pusieron los ojos rojitos. Gracias Bro. Te quiero.
A mi hermano el "Comprometido"
Por: Luis Rangel
No soy bueno en la palabra que viene envuelta con viento,
es mi arma en el cruel mundo la tinta y la suave pluma,
que en esta ocasión me dicen, que orgulloso yo me siento
por tenerte con mi hermano, alguien que no es de la ruma.
Aunque me sobran motivos para escribir los momentos,
creo importante en este rato dejar marcado el instante,
que las letras se convierte en los sanos sentimientos,
al decirte con cariño “suerte, carnal, adelante”.
Hace ya algunos ayeres que la noticia llegó,
“que Carlos tiene una novia, que presume tapatía”
dijiste a tu llegada “estudia al igual que yo”
y tras ojos de educando, tu cara se sonreía.
Cuenta historias de oficios que nadie puede leer,
que en una fiesta, de banda era música el ambiente,
que bailando te encontraste de esa dama su querer,
y el resto ya no se dice, pues lo conoce la gente.
Recuerdo que nos dijiste “su nombre de pila es Martha,
es reportera en campaña, y practica Tae Kwon Do”
cuando de camión bajaba, su cara bastante harta,
sin embargo, en tierra extraña con carisma saludó.
Entre camiones foráneos, y largas horas sentado,
se graduaron con honores en una tesis conjunta,
no sería el primer momento que sus nombres lado a lado
se vieran condecorados, y de carrera hacer punta .
Muchas fueron ya las tardes de toros en Carnaval,
bastantes los viajes lejos, que ustedes debían de hacer,
para que entre aquellos retos, su relación fuera aval,
de que algo mas que simple novios, pudieran llegar a ser.
Tras varios años diciendo “ella es mi novia querida”
Evadiendo los altares con cauteloso recelo,
un día nos vas “sorprendiendo” que ya era tu prometida,
que le pediste tangible, que de novia usara el velo.
Hace ya algunas semanas, que muy serio me decías,
“Hay plan de Boda con Martha, sé que no los sorprendemos”
y aunque quizás de antemano mi mueca te esperarías,
sólo puedo decir lo obvio “que sabes que te queremos”.
Para decir lo que siento, la tinta se vuelve escasa,
por que sabes mi deseo, que seas feliz siempre ha sido,
y que sigas construyendo tu vida con bella traza,
que sabes que yo te quiero, mi carnal “comprometido”.